LA LEY DE ECONOMÍA SOSTENIBLE, UN ALUVIÓN DE NADA

Pedro Montes Publicado en Diagonal 116

La extrema dureza con la que ha sido recibida la Ley de economía sostenible (LES) está justificada. Es una nueva ocurrencia de Zapatero, otro conejo de la chistera que saca este aficionado a la prestidigitación, con el único objetivo de ganar tiempo y distraer la atención de la terrible crisis social y económica que asola al país. Eso sí, en esta ocasión, nada menos que con la pretensión de cubrir una década, pues el Gobierno, aturdido, paralizado y maniatado, quiere un plazo de 10 años para poner en marcha, dice él, un nuevo modelo económico. Todo palabras hueras, política inconsistente, gestos vacíos, al punto de que la LES todavía en anteproyecto puede que no llegue a nacer.

La misma idea de hablar en estos momentos de economía sostenible es un disparate. Zapatero fue el último en enterarse de la crisis y ha sido el primero en anunciar la recuperación económica. El Gobierno da por hecho que la economía en el próximo futuro emprenderá una nueva senda de crecimiento, que debe encauzarse para que se prolongue lo más posible en el tiempo. Pero la realidad es que la economía española está atrapada en una ciénaga de la que le será imposible salir sin que ocurran acontecimientos importantes de consecuencias graves.

Frente a la osadía de pensar que la recuperación está a la vuelta de la esquina, hay que recordar, por ejemplo, la opinión del premio Nobel Krugman, que sostiene que antes de que la economía remonte será preciso que resuelva el problema muy grave de su inserción en la economía internacional y en la zona del euro, pues los datos son demoledores y concluyentes. La economía española, tras generar durante tiempo unos déficits exteriores enormes, se ha convertido en una de las economías con una deuda neta exterior más importantes del mundo; por otro lado, la economía española ha acumulado un paro desolador. Esta situación, señala Krugman, refleja un desequilibrio tan profundo que para remediarlo aconseja un ajuste interno brutal de precios y salarios, para ganar competitividad, partiendo de que la pertenencia al euro impide una devaluación de la moneda. Frente a esta realidad, hablar de economía sostenible es una burda burla a la sociedad española.

La LES, por lo demás, es un gran cajón de sastre donde sin abordarse ningún problema esencial, se juntan un conglomerado de promesas con detalles de cambios menores, algunos de ellos meramente administrativos y otros ya anunciados o que han entrado en vigor. El mero enunciado de los temas que se tocan, que evitamos por falta de espacio, dan una impresión deplorable, con una falta de coherencia, método y concreción que refuerzan la opinión de que se trata de un nuevo aspaviento del Gobierno para simular que se hace algo y distraer a la opinión pública. A título de ejemplo, la ley, como no podía ser menos, dedica un apartado al impulso de la sacralizada “I+D+i”, pero como es bien sabido, en el Presupuesto para 2010, todavía en trámite parlamentario, se reducen los gastos de investigación. Los comentarios de la prensa y de los analistas no dejan lugar a dudas de que la ley es un aluvión de nada, una avalancha de bruma. Y cabe añadir que se empieza a sentir hastío de tener que dedicar tiempo y esfuerzos a seguir las sendas en el agua que traza el presidente Zapatero.

Ahora bien, la incongruencia de la LES con la cruda realidad y la inocuidad del proyecto con respecto a su fin declarado no deben despistar a los trabajadores sobre las verdaderos objetivos del Gobierno. De soslayo y en tono menor, ya ha dejado traslucir algunas medidas que, estas sí, tienen relevancia. Ya se ha comprometido a poner en marcha una reforma laboral con acuerdo o no de los sindicatos. No hay que dedicar ni una línea a equiparar reforma laboral con el recorte de derechos sociales. Por otro lado, ha mencionado la revisión de las pensiones de acuerdo con el pacto de Toledo: esto es, que lo que se pretende es reducir las pensiones por la vía de ampliar el período de cómputo de los salarios en los años de contribución. Y se ha apuntado que con toda la “lógica”, como dice la ministra Salgado, que si se ha prolongado la esperanza de vida debe postergarse la edad de jubilación. Nada de contemplar que si existe un paro enorme sin visos de eliminarse, con toda lógica también debe reducirse el tiempo de trabajo a través de una reducción de la jornada laboral y de una anticipación de la edad de jubilación.

Por lo demás, ya se sabe que todos los discursos en boga, también lamentablemente el de los dos sindicatos mayoritarios, van en el sentido retrógrado y demagógico de que la crisis habrá de superarse con el esfuerzo y los sacrificios de todos, es decir, fundamentalmente de los trabajadores.

Como resumen: la LES es una anécdota más de la política de este Gobierno, que se olvidará, que no tendrá efecto significativo alguno, mientras que la crisis seguirá produciendo estragos y convirtiendo a los trabajadores y las capas sociales más débiles y vulnerables en sus víctimas propiciatorias.

El dilema de Krugman

Pedro Montes* Publicado en El Confidencial – 23/12/2009

Una gran confusión prevalece sobre el futuro de la economía española,  una vez que para algunos países parece haber pasado el peor momento de la crisis financiera y la recesión posterior,  y una vez que el presidente Zapatero ha osado dar por iniciada oficialmente la recuperación. Dejemos de lado la economía internacional, en una situación mucho más problemática, compleja y peligrosa de lo que se cree, y centrémonos en lo que ocurre en nuestro país.

Zapatero fue el último en enterarse de la crisis económica y ha sido el primero en anunciar la recuperación. No sabe por qué ha comenzado, no puede calibrar su fuerza, no está en condiciones de asegurar su continuidad, no se atreve a pronosticar cuándo la mejora se traducirá en el empleo, pero para él la recuperación está en marcha. No hay que perder ni dos líneas en resaltar la insolvencia del presidente del Gobierno, ni su afición  a actuar como un prestidigitador  sacando conejos de la chistera (el último,  la  patraña del proyecto de ley de economía sostenible).

El presidente del PP, siempre al acecho en su triste papel de buitre para aprovechar los desastres,  no tiene inconveniente en decir que la crisis se ha detenido pero que la recuperación es imposible con este Gobierno. Los dirigentes de CCOO y UGT, extraviados en una crisis que se les ha venido encima sin preverla, han puesto en marcha una estrategia de apaciguamiento pensando que, con algunas concesiones,  en varios años se recuperará  la normalidad  y con ella el papel  institucional reformista relevante que ellos tienen. Podría decirse, pues, que al margen de matices y precisiones temporales, se da por supuesto que la recuperación es el horizonte de la economía española.

Frente a esta previsión, hay razones para sostener que no sólo no hay recuperación a la vista, lo cual elimina el debate sobre los años que durará la crisis, sino que la economía se adentrará en el futuro en un proceso de degradación continuo, al que no se puede  por el momento vaticinar fin. A partir del difícil estado actual, el deterioro de la economía llevará a una  situación con extremas tensiones políticas y sociales, que traspasará el ámbito electoral en el que por ahora se piensa que están los forcejeos sobre la salida de la crisis. Se comprende bien que los dos partidos mayoritarios  vivan y se preparen para mantener la  competencia electoral con la crisis como tema estrella, pero se entiende mal que los sindicatos no se dediquen a preparar a los trabajadores para los conflictos inexorables que hay por delante.

Una economía en quiebra

Hay que partir de caracterizar a la economía española como una economía en quiebra. Arrastra un déficit exterior extremadamente  agudo, que lo ha convertido en uno de los países con una  deuda exterior neta  exterior más graves del mundo, y tiene un nivel de paro desolador. Con estos datos, se puede concluir que esta economía no ha encontrado su sitio en el puzle de la globalización,  y  más concretamente,  que no ha logrado un equilibrio razonable en el marco de la unión monetaria europea.

El vaticinio de la no recuperación surge de la imposibilidad de financiarla.  Una economía en expansión daría lugar a unas necesidades de financiación exterior que son muy difíciles de cubrir. En primer lugar, por el montante exigido. En el  2008, el déficit de la balanza por cuenta corriente, lo requerido financiar, fue un impresionante 10% del PIB.  Se reducirá  acusadamente en este año, por el hundimiento de la demanda y la actividad, pero aun representará más de un nada desdeñable 5% del PIB, y un relanzamiento lo dispararía de nuevo.

En segundo lugar, por el enorme volumen  de deuda exterior acumulada, que debe refinanciarse cuando la solvencia del país anda en tela de juicio en los mercados financieros internacionales. Esa deuda se ha canalizado fundamentalmente por las entidades de crédito, y  ha atrapado a todos los sectores económicos, incluido ya el sector público, que será incapaz durante bastante tiempo de poder practicar una política fiscal expansiva. En tercer lugar,  la crisis financiera se dejará sentir por mucho tiempo: se mantendrán los circuitos del crédito obturados y la desconfianza y la inseguridad como clima general.   La falta de crédito y liquidez en la economía española, las restricciones financieras actuales no se disiparán, si no se agravan con la  crisis latente del sistema crediticio español. En esas condiciones, no es posible la recuperación.

Las miserias de la política

Pero el problema del desajuste estructural que sufre el país es más complicado. La situación insostenible, bloqueada, sin salidas visibles, la han puesto de manifiesto muchos prestigiosos analistas, paradójicamente más los extranjeros que los españoles, quizás por estar menos sometidos a las miserias de la política y a al conflicto de intereses que la crisis ha exacerbado. Pueden tomarse las declaraciones del premio Nobel Krugman como un buen exponente de las opciones existentes. Este ha dicho, en lo que podría denominarse como su dilema: la economía española ha de reequilibrar su situación en la  economía internacional por medio de una mejora de su competitividad que sólo puede venir por dos caminos: una devaluación de la moneda, cosa imposible por la pertenencia al euro, o un drástico ajuste  interno de precios  y costes.

La magnitud de ese ajuste es discutible, pero se ha manejado una cifra entre 15 y el 20%. Esta salida tiene muy serios inconvenientes y su aplicación es casi imposible. No se puede descartar que la crisis promueva un ajuste interno progresivo como de hecho se está produciendo ya. Pero no cabe esperar que por un acuerdo social se reduzcan los costes, es decir los salarios, en una proporción tan intensa como la situación reclama, y mucho  menos los precios, de por sí incontrolables. Hay que tener en cuenta, además, que un ajuste depresivo de esta naturaleza hundiría la economía, lo que a partir de los niveles de paro existentes crea un panorama tan estremecedor como  inquietante.

Y el problema se complica porque si llegara a producirse el ajuste y a remediarse el desequilibrio exterior, la economía española no podría adentrarse en una fase de recuperación sostenida digna de tal calificación,  porque desde el mismo momento en que esto  empezara a suceder  se reproduciría la pérdida de competitividad y con ello reaparecerían los problemas de financiación exterior. Así pues,  la salida  posible que nos marca Krugman es un hundimiento inmediato de la economía, con más millones de parados,  y la condena a permanecer en el fondo estancada, pues las aventuras de recuperación son poco menos que imposibles. Esta es por lo demás la que se considera la opción realista, la única, pues se ha logrado un  pensamiento común generalizado entre los políticos y economistas que la pertenencia al euro es algo irreversible.

Cabría empezar rebatiendo esta opinión, pues no hay en  la política nada irreversible. Descolgarse del euro es verdad que está fuera de todos los  proyectos para remontar la crisis. Entre los políticos es  imposible encontrar alguno que apueste  por la salida del euro. Entre los economistas y analistas la posición no es tan cerrada, pero abiertamente nadie ha puesto la cuestión sobre el tapete. Pero con realismo es necesario replantearse la pertenencia a la moneda única pues, como se ha visto, la salida que  propone Krugman es lanzarse a un precipicio, y las sociedades no son proclives al suicidio.

Una catástrofe financiera

Después de más de una década de pertenencia al euro y los fuertes compromisos en dicha moneda  que tienen adquiridos todos los agentes sociales, salir del euro y restablecer una moneda propia fuertemente devaluada conduciría, entre otros males y conmociones,  a una catástrofe financiera,  al tenerse que pagar en euros la deuda descomunal exterior existente. Que el país tendría que declararse en bancarrota es más que probable, pero, y esto es lo que da dramatismo a la situación de la economía española, es que posiblemente no hay  otra alternativa. Esta implicaría hacer tabla rasa del pasado y tener que empezar de nuevo a construir una economía con una moneda mucho más débil, con una relación de intercambio más acorde con los fundamentos económicos, más protegida y menos abierta al exterior,  pero al mismo tiempo con más posibilidades internas de ser dirigida y controlada. De nuevo se dispondría de una moneda para equilibrar los flujos económicos con el exterior y se ganaría un instrumento esencial para intervenir en la economía como es la política monetaria propia, a la que se renunció con el euro.

En fin, lo que se ha presentado como el dilema de Krugman

es realmente una aporía, esto es, como dice el diccionario: dificultad lógica insuperable de un problema especulativo. Ninguna de las dos alternativas es razonable, las dos encierran problemas gravísimos de aplicación y las dos implican  consecuencias pavorosas. . De ahí,  la  opinión de que la salida de la crisis no se resolverá en claves económicas sino como resultado de los conflictos sociales y políticos que promoverá una situación económica insostenible. Y de ahí a decir que la lucha de clases será la que determine el futuro de la economía sólo queda un paso lógico, si bien abrirá un proceso social largo y muy complejo, donde por el momento nada está escrito si bien constituirá un escenario propicio para la aparición de demagogos.

Parece claro que el futuro de la economía y de la sociedad española será convulso, está lleno de interrogantes y en modo alguno se encuentra despejado, como quieren  hacer creer los que divulgan que la recuperación está a la vuelta de la esquina  o la fijan ya como telón de fondo para el porvenir inmediato.  Hay que tener en cuenta, sin embargo, que las dos alternativas existentes comentadas, que contradicen esa perspectiva,  determinan escenarios muy diferentes, con implicaciones que van mucho más allá del problema complejo de la salida de la crisis económica.

La opción del ajuste interno supone en definitiva un ajuste permanente de la economía en el marco conceptualmente ultra neoliberal de la Europa de Maastricht, que tendrá que ser muy duro en un primer momento y sostenido después. Crea  las condiciones para un continuo acoso a las condiciones de vida de la mayoría de la población,  en sus salarios, en las pensiones, en los servicios sociales básicos, en los derechos laborales, en la fiscalidad. Es la continuación endurecida de lo que ha ocurrido desde que se aprobó el tratado de Maastricht para crear la moneda única, sin las ventajas  ya de una  expansión económica y los fuegos artificiales del bienestar. Es el peor escenario que cabe imaginar para los trabajadores, capas sociales modestas y sectores amplios de la pequeña y mediana burguesía,  pues estarán sometidos a una ofensiva perenne contra sus condiciones de vida e intereses,  por la presión constante que ejercerá el objetivo de no perder competitividad, contando además con que tienen una posición de fuerza política débil y en  continuo desgaste.

No cabe edulcorar las consecuencias de la opción de salirse del euro. Los desbarajustes y excesos pasados amparados por el euro tienen que pasar factura. Como habrán de quedar desautorizados todos aquellos que apostaron por el euro, muchos de los cuales  creyeron descubrir en la moneda única un maravilloso taumaturgo para poder cometer impunemente todo tipo de barbaridades y desmanes, llegando incluso a pensar que con el euro las crisis se habían acabado.  La conmoción de una salida del euro sería terrible, o con más precisión, será terrible,  porque todo hace pensar que será  algo irremediable. Pero dicho esto, la sociedad española estará en mejores condiciones para dominar su futuro al hacerse con los resortes básicos para diseñar una economía diferente que, en la medida en que la izquierda imponga sus criterios, será lo mismo que decir que la economía podrá ponerse al servicio de las personas,  y no como sucede ahora con el neoliberalismo, en que las fuerzas ciegas del mercado  se imponen  y domestican  a la sociedad.

Por no olvidar a Krugman: cabría decir que su dilema es correcto, pero se equivoca en la elección desde el punto de vista económico y,  contando con que es un progresista,  desde el punto de vista político.

* Pedro Montes es economista.

URUGUAY Renovación de mandato… Voto premio para el Frente Amplio

frente-amplio-uy1 ERNESTO HERRERA            Pasó la campaña electoral más chata de los últimos años. Despolitizada y negativa. Recursos demagógicos y enojos teatrales. Total ausencia de contrastes programáticos. Escasa movilización y entusiasmo popular por cuenta gotas.


Aunque valdría destacar un denominador común en los discursos. Unos y otros apelaron al mito de la “unidad nacional”. Pensando “en el día después”. O sea, en “los puentes tendidos” para pactar “políticas de Estado.” Porque en “un país de consensos”, los acuerdos son de fondo y las divergencias de forma. Lo afirmó antes del balotaje la máxima autoridad del Estado, el presidente Tabaré Vázquez: en lugar de una “contienda de modelos” o de “proyectos de país”, las diferencias entre Mujica-Astori y Lacalle-Larrañaga había que centrarlas entre “dos formas de encarar un gobierno.” (1) Aprobado.

Una sola nota desentonó la “ritualidad cívica.” La marcha convocada por la Coordinadora Contra la Impunidad, donde algo más de un millar de manifestantes (en su gran mayoría jóvenes y militantes de la izquierda radical) se dieron cita para continuar movilizados contra la impunidad del terrorismo de Estado y, su vez, dar una respuesta política a la derrota sufrida en el Plebiscito del 25 de octubre, cuando no se alcanzaron los votos necesarios para anular la Ley de Impunidad (cuando los principales dirigentes del Frente Amplio hicieron la plancha y no se comprometieron). Fue un acto pequeño, apenas testimonial. Con el valor de mostrar que al costado de la “frivolidad politiquera, sigue habiendo lucha, protesta, rebeldía. Memoria y dignidad.


Un poco mejor y alcanzó


Los pronósticos se cumplieron. El Frente Amplio ganó el balotaje del 29 de noviembre. Con una ventaja mayor que la prevista por los encuestadores. La fórmula Mujica-Astori obtuvo el 52,6% (1.153.267), la de Lacalle-Larrañaga, 43,3% (932.828). Los votos en blanco y anulados alcanzaron el 4,08% (88.812). En relación a la primera vuelta, donde había obtenido el 48,5%, el Frente Amplio no solo retuvo a la totalidad de sus votantes, sino que atrajo a miles de los partidos tradicionales (Partido Nacional y Partido Colorado) y del Partido Independiente. También consiguió un apoyo por izquierda: muchos de los adherentes de Asamblea Popular (algo más de 15.000 votos en octubre), desoyeron el llamado de sus dirigentes a votar anulado, y optaron esta vez por el “mal menor”.


Casi cinco años después de haber asumido el gobierno (1º de marzo 2005), el “progresismo” no recibió el habitual “voto castigo” a un gobierno que termina. Al revés, se benefició de un voto premio que le permite renovar el mandato. La mayoría del electorado ratificó, de manera inapelable, el rumbo propuesto por el Frente Amplio: “cambio posible”, “gradualismo”, “moderación”, “gobernabilidad democrática”. Lo que refuerza la estrategia de colaboración de clases.


La derecha volvió a sufrir una aplastante derrota electoral. En ningún momento pudo competir realmente. Ni siquiera en el terreno programático consiguió tomar distancia del gobierno, al punto de proponer “mejorar” lo hecho por el Frente Amplio. Recién en los últimos días lanzó una serie de propuestas desesperadas (como la baja general de impuestos). Y, sobre todo, no pudo manejar a su favor – como en épocas anteriores -el eje orden-inseguridad, estatismo-libre mercado. Desde la cabeza del Estado, el Frente Amplio terminó con esas dicotomías. Con la autoridad que le asigna su historia de izquierda, garantizó el orden social y el libre mercado. Sin talante autoritario. Acercándose a una forma de “derecha moderada”. Entonces ¿para qué cambiar?


El país está “un poco mejor”. Es la percepción mayoritaria. No se dio el “temblarán las raíces de los árboles” (como alguna vez prometió Tabaré Vázquez), no hubo “reformas estructurales” (como las propuestas por el Frente Amplio años atrás), ni “salariazo” (como algún día reclamaron los sindicatos). Tampoco un avance sustancial en la justicia social. Los ricos son cada vez más ricos. Al punto que el gobierno reconoce que la “distribución de la riqueza” todavía está por hacerse.


No obstante, han impactado sobre la mayoría de la población trabajadora distintas medidas y políticas sociales que hacen al empleo, convenios salariales, relaciones laborales, programas asistenciales, atenuación de la pobreza y la indigencia, Plan Ceibal (una computadora por niño en las escuelas públicas), Hospital de Ojos (10 mil operaciones gratuitas), etc. Ante el anuncio de Lacalle que pensaba pasar la “motosierra” al “gasto social” y que el Plan de Emergencia Social solo había servido para pagarle a “80 mil atorrantes”, el “sentido común” de los de abajo inclinó de manera decisiva la balanza electoral. Aunque debe decirse: Mujica no sólo fue votado por la clase trabajadora y los más pobres, en algunos barrios de “clase media alta” tuvo más adhesiones que Lacalle, mientras que en algunos barrios populares de la periferia urbana (tanto de Montevideo como del Interior) perdió con el candidato blanco.


Poco pero alcanzó para revalidar la legitimidad. La del Frente Amplio como fuerza política. La del gobierno como “conductor” de la sociedad. La popularidad de Tabaré Vázquez (el gran triunfador de este proceso), quien cuenta con un apoyo del 71% (solo comparable en la región a la que tienen Lula, Uribe, y Bachelet), sintetiza esa hegemonía “progresista” en la sociedad. Incontestable por ahora.


Evidente. Los moderados logros – celebrados efusivamente por algunos “medios alternativos” del extranjero y por una izquierda “campista” que sitúa al Frente Amplio en el “campo antiimperialista” -, se producen en el cuadro de un “modelo de desarrollo” acorde con el esquema neoliberal y con los programas de austeridad que imponen las instituciones financieras internacionales.


Ahora empieza otro episodio de la obra. Mujica en su discurso triunfal de la noche del 29, proclamó que “no hay ni vencedores, ni vencidos”. Que “apenas elegimos un gobierno, que no es dueño de la verdad, que nos precisa a todos”. Parece un lugar común. No obstante, reafirma la voluntad expresada muchas de veces de “colaboración y cooperación”. Porque como dijo Lacalle en su discurso póstumo (reconociendo su derrota), “el país es un solo”.


El clima político es “unidad nacional”. Aunque esto no debe confundir. El Frente Amplio cuenta con mayoría parlamentaria propia (en ambas cámaras legislativas). Puede “prácticamente hacer de todo” sin negociar con nadie e incluso evitar la censura de sus ministros. Seguramente habrá acuerdos. Ya se instalaron “comisiones de trabajo” sobre seguridad, educación, medioambiente, energía. Pero no es probable un gobierno de coalición, pese a que más del 60% de los votantes frenteamplistas estén a favor. En todo caso, las amplias coincidencias programáticas se expresaran mediante “políticas de Estado” y en la coparticipación en las empresas y bancos públicos.


El gobierno presidido por Mujica arrancará con un amplio consenso político y un apoyo de masas considerable. Contará con la benevolencia de la dirección del PIT-CNT, factor clave para imponer las políticas de “acuerdo social” con las patronales y desmovilizar a los sindicatos. Como hizo en el gobierno de Tabaré Vázquez, al garantizar la menor “conflictividad laboral” de los últimos 25 años.


Por último, no tiene en su horizonte un contrincante amenazador por la izquierda. Las fuerzas anticapitalistas se encuentran fragmentadas y en pleno repliegue. Su expresión en estas elecciones se limitó a unos cuantos miles de votos anulados. Lo tiene su importancia: resistir al chantaje de votar entre lo “menos malo” y lo peor”.


Lo más a la derecha que pueda


Atrás quedaron algunos cucos agitados – sin demasiado énfasis, hay que decirlo – por momias de la derecha reaccionaria como los ex presidentes Sanguinetti y Batlle. Los exponentes políticos más lucidos de la clase dominante, las corporaciones patronales, los poderes mediáticos, saben de sobra que el Frente Amplio es una pieza clave de la “lealtad institucional”. Porque su adhesión al orden capitalista es absolutamente sincera. Irrenunciable.


Mujica, el antiguo guerrillero tupamaro, es un emblema de esa adhesión. El definitivo adiós a las armas es de tiempo atrás. A casi nadie le importa. La capitulación política, ideológica, ética, se fue gestando a lo largo de estos años de democracia liberal. Fue su “pasaporte al poder”. O, como dice la prensa conservadora, el “gran viraje milagroso” que permitió la “resurrección de los vencidos”. (2) Al precio, claro, de una espantosa “metamorfosis de identidad.”


La conversión de Mujica a la economía de mercado es fervorosa. “Yo sé que la propiedad privada es santa”, dijo ante un foro de empresarios. (3) Cada vez que puede reitera la importancia de los capitales extranjeros: “juegan un papel a favor del país.” (4) Por eso, una y otra vez, ha defendido la instalación de Botnia, la multinacional de la celulosa. Porque se debe preservar “la imagen de seriedad” de Uruguay como un país que respeta la “seguridad jurídica” y “atrae las inversiones.”


Ya lo había confesado hace unos meses: “No me voy a disfrazar de capitalista, digo lo que pienso, pero vivo en un país capitalista, y el capitalismo es el motor que mueve a la economía, y cada mañana el afán de lucro que tiene mucha gente que sale a tratar de multiplicarlo es la fuerza principal que está empujando a la economía, y esta tiene sus reglas”. (5) Si algún ultraizquierdista todavía pensaba que el principal motor de la economía eran los asalariados, obligados a vender su fuerza de trabajo, pues estaba equivocado. Tanto como Marx.


Por si acaso, despejó cualquier duda. “En economía haré una maniobra de entrada lo más a la derecha que pueda, tipo Lula cuando llegó. Se trata de no asustar a los buenos burgueses que están por ahí, esas señales son clave, si no, corrés el riesgo de desestabilizar todo de entrada”. (6) Su vicepresidente electo y ex Ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori, no podría sentirse más reconfortado. El “Pepe” aprende rápido.


Ninguno de sus “modelos” de referencia es de izquierda. Brasil, Finlandia, Suecia, Nueva Zelandia. El “proceso bolivariano” solo aparece críticamente. “Le dije a Chávez: vos no construís ningún socialismo, sino una burocracia llena de empleados públicos”. (7) Su filosofía se resume a “como te digo una cosa, te digo la otra”. Porque no hay que encerrarse en dogmas. Puede ser la socialdemocracia sueca, “ampliando los espacios del Estado y apoyándose en los sindicatos”; o el neoliberalismo de Nueva Zelandia, “agarrando a patadas el Estado que tenían y parándole el carro a los sindicatos”. (8)


En su presentación ante la Cámara de Industrias, fue tajante: un gobierno del Frente Amplio por él presidido, puede “manejar mejor las contradicciones con el PIT-CNT”. ¿No habrá querido decir alinear mejor a los sindicatos? Nada quedó cerrado, ni siquiera la posibilidad de “revisar la normativa laboral”, como exigen las patronales.


En clave socialdemócrata


Aunque se ha mostrado “escéptico” sobre la posibilidad de acuerdos sociales a largo plazo, su prédica (y su práctica) en torno a un pacto social es sistemática. Como senador o ministro, como dirigente del Frente Amplio o chacarero, Mujica ha sido uno de los más activos promotores de la “concertación” entre trabajadores y empresarios. Un convencido apaciguador de la lucha de clases. Porque no se trata de “multiplicar los focos de conflicto de nuestra sociedad. Me parece que no es inteligente alentarlos.” (9)


Para Constanza Moreira (politóloga y senadora electa por el Movimiento de Participación Popular, corriente política mayoritaria en el Frente Amplio y a la cual pertenece el presidente electo), el rol de Mujica es el de un “articulador en clave socialdemócrata”. Porque “cuando Mujica habla sobre un ‘capitalismo en serio’ (…) su modelo es Nueva Zelandia, no es ningún país del socialismo real”. Porque cuando hace referencia a Lula, “que es el icono más claro en América Latina de un pacto socialdemócrata en el sentido de un pacto capital-trabajo, un pacto entre empresarios y trabajadores, un pacto de cooperación capitalista, se ubica exactamente en ese lugar”. (10)


Por si faltaran, Mujica tiene credenciales que demuestran la veracidad de su conversión. No solamente hay gestos o palabras coloquiales. Están las pruebas de su gestión como “hombre de Estado” en el Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca entre 2005-2008: período en el cual se dio uno de los mayores procesos de concentración y extranjerización de la tierra y la producción agropecuaria. No más de 150 empresarios son los responsables del 70% de la cadena agrícola. La soja en manos de capitales argentinos y chilenos; la producción forestal es un feudo de un puñado de grandes conglomerados finlandeses, estadounidenses, españoles y portugueses; la industria frigorífica en su mayoría propiedad de capitales brasileros. Bienvenidos los inversores. Imprescindibles para “esta fase de acumulación.”


Cualquier sospecha de “violar la propiedad privada” – como le indilgaba algunos políticos blancos y colorados – fue eliminada. En su última comparecencia ante los corresponsales extranjeros, horas antes de la elección, Mujica aseguró que “no habrá ninguna ley para limitar la tenencia de la tierra”. Eso “no está ni en el programa del Frente Amplio, ni en el programa de gobierno”. (11) En todo caso, las iniciativas en ese terreno deberán “consensuarse con las otras fuerzas parlamentarias”. Es decir, con los partidos de la derecha. Traducción: nada cambiará en términos de latifundios, agro-negocios, desnacionalización de la tierra. La lucha por la reforma agraria que iniciaron Raúl Sendic y el proletariado cañero allá por 1960…apenas un lejano (y molesto) recuerdo.


Los editorialistas de orientación neoliberal se regocijan al certificar el “gran viraje milagroso”. Para El Observador: “Los cambios conceptuales de Mujica, según sus propias afirmaciones recientes, lo alejan de la extrema izquierda de viejo cuño y lo acercan al ejemplo del presidente Lula, incluyendo su compromiso con la democracia y el estado de derecho y la promoción de la inversión privada doméstica y externa como fuente primordial de desarrollo.” (12) Para el director de Búsqueda: “En los últimos meses, Mujica se pegó a su compañero de fórmula, Danilo Astori para marcar bien la continuidad. Astori, con su sola presencia, es la garantía de continuidad, porque es él quien estructuró el éxito económico del gobierno de Tabaré.” (13)


Chocante. Hasta para un crítico radical del “progresismo”. Sobre todo si uno piensa en los centenares de miles de trabajadores y jóvenes que salieron a festejar ayer a la noche en todo el país la “victoria de la izquierda”. Esperanzados en Mujica, “porque le quiere sacar a los ricos para darle a los pobres”.


Los de arriba no temen. Por razones de parentesco oligárquico las clases propietarias hubieran preferido el triunfo de Lacalle y compañía. Pero un gobierno “progresista”, aún presidido por Mujica, no les quita el sueño. No es una amenaza latente para su billetera. Por el contrario, resulta funcional a sus intereses. No solo porque el Frente Amplio es garantía de orden social (como lo demostró durante todos estos años), sino porque continuará gerenciando eficientemente el ciclo “normal” de acumulación y reproducción del capital.


Habrá voces que digan – desde la izquierda radical – que el escenario es hasta cierto punto “favorable”. Que un segundo gobierno del Frente Amplio acelerará el desgaste del “progresismo”; que se agudizarán las contradicciones entre el imaginario y los hechos; que las masas completarán la experiencia con el “reformismo”; que por fin, la “traición” de Mujica será desenmascarada; que entonces las propuestas clasistas y revolucionarias tendrán más espacio y receptividad. Me permito dudarlo. Sobre todo a la luz de la frustrante realidad que han mostrado las fuerzas anticapitalistas en estos cinco años. Más bien habría que (re)pensar, críticamente, nuestro estado de situación. Y (re) encauzar los esfuerzos hoy dispersos que impiden la acumulación revolucionaria.


Montevideo, 30 de noviembre 2009

* Miembro del Colectivo Militante. Editor de Correspondencia de Prensa.

Notas


1) Declaraciones al semanario Búsqueda, Montevideo, 29-10-2009.
2) “Resurrección de los vencidos”, nota de Mario Arregi sobre el rumbo de los tupamaros luego de su derrota militar, diario El Observador, Montevideo, 26-10-2009.
3) Foro organizado por la Cámara de Industrias el 8-10-2009.
4) Ibdem.
5) Entrevista en el Semanario Brecha, Montevideo, 29-5-2009.
6) Ibdem..
7) “El triunfo de un proyecto comunitario de décadas”, Claudio Aliscioni, diario Clarín, Buenos Aires, 30-11-2009-
8) “Ideología eran las de antes”, editorial de Mujica en el sitio “Pepe tal cual”, 7-7-2009.
9) Nota ya citada de Aliscioni en Clarín.
10) Entrevista en el programa En Perspectiva, radio El Espectador, Montevideo, 9-11-2009
11) Citado por el diario El País, Madrid, 29-11-2009.
12) Nota editorial en el diario El Observador, Montevideo, 30-11-2009.
13) Citado por el diario La Nación, Buenos Aires, 30-11-2009.

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