Pedro Montes Publicado en Diagonal 116
La extrema dureza con la que ha sido recibida la Ley de economía sostenible (LES) está justificada. Es una nueva ocurrencia de Zapatero, otro conejo de la chistera que saca este aficionado a la prestidigitación, con el único objetivo de ganar tiempo y distraer la atención de la terrible crisis social y económica que asola al país. Eso sí, en esta ocasión, nada menos que con la pretensión de cubrir una década, pues el Gobierno, aturdido, paralizado y maniatado, quiere un plazo de 10 años para poner en marcha, dice él, un nuevo modelo económico. Todo palabras hueras, política inconsistente, gestos vacíos, al punto de que la LES todavía en anteproyecto puede que no llegue a nacer.
La misma idea de hablar en estos momentos de economía sostenible es un disparate. Zapatero fue el último en enterarse de la crisis y ha sido el primero en anunciar la recuperación económica. El Gobierno da por hecho que la economía en el próximo futuro emprenderá una nueva senda de crecimiento, que debe encauzarse para que se prolongue lo más posible en el tiempo. Pero la realidad es que la economía española está atrapada en una ciénaga de la que le será imposible salir sin que ocurran acontecimientos importantes de consecuencias graves.
Frente a la osadía de pensar que la recuperación está a la vuelta de la esquina, hay que recordar, por ejemplo, la opinión del premio Nobel Krugman, que | continúa leyendo »
Pedro Montes* Publicado en El Confidencial - 23/12/2009
Una gran confusión prevalece sobre el futuro de la economía española, una vez que para algunos países parece haber pasado el peor momento de la crisis financiera y la recesión posterior, y una vez que el presidente Zapatero ha osado dar por iniciada oficialmente la recuperación. Dejemos de lado la economía internacional, en una situación mucho más problemática, compleja y peligrosa de lo que se cree, y centrémonos en lo que ocurre en nuestro país.
Zapatero fue el último en enterarse de la crisis económica y ha sido el primero en anunciar la recuperación. No sabe por qué ha comenzado, no puede calibrar su fuerza, no está en condiciones de asegurar su continuidad, no se atreve a pronosticar cuándo la mejora se traducirá en el empleo, pero para él la recuperación está en marcha. No hay que perder ni dos líneas en resaltar la insolvencia del presidente del Gobierno, ni su afición a actuar como un prestidigitador sacando conejos de la chistera (el último, la patraña del proyecto de ley de economía sostenible).
El presidente del PP, siempre al acecho en su triste papel de buitre para aprovechar los desastres, no tiene inconveniente en decir que la crisis se ha detenido pero que la recuperación es imposible con este Gobierno. Los dirigentes de CCOO y UGT, extraviados en una crisis que se les ha venido encima sin preverla, han puesto en marcha una estrategia de apaciguamiento pensando que, con algunas | continúa leyendo »
ERNESTO HERRERA Pasó la campaña electoral más chata de los últimos años. Despolitizada y negativa. Recursos demagógicos y enojos teatrales. Total ausencia de contrastes programáticos. Escasa movilización y entusiasmo popular por cuenta gotas.
Aunque valdría destacar un denominador común en los discursos. Unos y otros apelaron al mito de la “unidad nacional”. Pensando “en el día después”. O sea, en “los puentes tendidos” para pactar “políticas de Estado.” Porque en “un país de consensos”, los acuerdos son de fondo y las divergencias de forma. Lo afirmó antes del balotaje la máxima autoridad del Estado, el presidente Tabaré Vázquez: en lugar de una “contienda de modelos” o de “proyectos de país”, las diferencias entre Mujica-Astori y Lacalle-Larrañaga había que centrarlas entre “dos formas de encarar un gobierno.” (1) Aprobado.
Una sola nota desentonó la “ritualidad cívica.” La marcha convocada por la Coordinadora Contra la Impunidad, donde algo más de un millar de manifestantes (en su gran mayoría jóvenes y militantes de la izquierda radical) se dieron cita para continuar movilizados contra la impunidad del terrorismo de Estado y, su vez, dar una respuesta política a la derrota sufrida en el Plebiscito del 25 de octubre, cuando no se alcanzaron los votos necesarios para anular la Ley de Impunidad (cuando los principales dirigentes del Frente Amplio hicieron la plancha y no se comprometieron). Fue un acto pequeño, apenas testimonial. Con el valor de mostrar que al costado de la “frivolidad politiquera, sigue habiendo lucha, protesta, rebeldía. Memoria y dignidad. | continúa leyendo »




